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Trastornos adaptativos en la Diabetes.
Laura Díaz Digón. Licenciada en Psicología.
Máster en Psicología Clínica. Unitat de Recerca
en Psiquiatria. Hospital del Mar. Barcelona.
1. Introducción
El diagnóstico de una enfermedad crónica supone
siempre un cambio importante en la vida de un sujeto, que debe poner
en marcha una serie de mecanismos psicológicos para afrontar
la nueva situación y el duelo que supone la pérdida
de la salud. El fenómeno de la adaptación a una enfermedad
crónica es un proceso complejo en el cual intervienen variables
diversas, y en el cual se puede observar una marcada diferencia
entre los mecanismos que utiliza cada subjeto (1).
La diabetes es una enfermedad que plantea grandes desafíos
al paciente y también a los profesionales de la salud. Es
una enfermedad compleja, tanto desde el punto de vista estrictamente
médico-biológico, como desde el punto de vista de
los cambios que impone en la vida de las personas afectadas y de
aquellos que los rodean. Esta complejidad unida a otros factores,
dificulta en ciertos casos que la persona con diabetes asimile de
una forma saludable su nueva situación. Cuando el sujeto
no es capaz de poner en marcha recursos psicológicos adecuados,
aparecen alteraciones de tipo psicopatológico que influyen
de manera muy negativa en la evolución de la enfermedad.
Poder reconocer los indicadores de mala adaptación es una
necesidad de todos los profesionales que se dedican al tratamiento
de la diabetes. Su detección precoz permitirá una
acción inmediata y de esta forma, se podrá garantizar
mejor la buena evolución de la enfermedad y la calidad de
vida del paciente.
2. Características
específicas de la diabetes que dificultan el proceso de adaptación
Diversas características y peculiaridades propias de la
diabetes inherentes a su forma de aparición y al efecto social
que suponen, hacen que el posible impacto psicológico de
la enfermedad y la posterior adaptación puedan adquirir matices
muy distintos.
La evidencia de sufrir la enfermedad se presenta súbitamente
y es frecuente que el paciente se encuentre ante una enfermedad
la existencia de la cual ni tan siquiera sospechaba. El estigma
social que supone «ser un enfermo», sentirse diferente
y ser tratado com tal, puede ser uno de los factores psicológicos
más relevantes, especialmente en el caso de las personas
más jóvenes.
Tras el diagnóstico, el paciente se encuentra con que su
vida ha cambiado en numerosos aspectos, que ciertas rutinas a las
que normalmente nadie presta atención son ahora para él
o ella motivos de atención constante; que debe incorporar
un complicado sistema de tratamiento en el cual sus principales
componentes -dieta, medicación, ejercicio- no son fjos ni
se mantienen en un programa constante, sino que dependen en gran
parte de su propio control y consideración; y que debe vencer
una cantidad importante de temores y preocupaciones (debe empezar
a pincharse, debe afrontar la aparición de reacciones hipoglucémicas
y se preocupa por el impacto de la enfermedad sobre sus planes futuros)
(2,3).
Simultáneamente debe aprender a comer de un modo distinto,
a adecuar su actividad física y a observar el funcionamiento
de su organismo a través de las señales de su cuerpo.
Y lo que es más importante, debe aprender a tomar decisiones
«sobre la marcha», combinando todos los elementos y
las habilidades que haya aprendido en el curso de educación
diabetológica en que se le ha formado sobre las posibilidades
y limitaciones de la nueva realidad.
Además, la diabetes también supone cambios importantes
en otros ámbitos de la vida del paciente:
- cambios profesionales: desde la perspectiva laboral, algunos
trabajos se pueden considerar incompatibles con la enfermedad. La
mayoría de las personas sienten el dilema de si deben informar
o no de su condición de diabético. Cuestionan los
riesgos potenciales de esta información, “¿es
posible que no me den el trabajo por ser diabético?”
“me pueden trasladar a otro departamento?” “¿puedo
perder el trabajo?” “si aparece algún problema,
¿me darán la invalidez?”
- cambios familiares: la diabetes también afecta la vida
familiar. Cuando un niño recibe el diagnóstico de
diabetes, la reacción de la mayoría de los padres
tiende a la sobreprotección. Algunos adultos, de forma inconsciente
o consciente, manipulan a su familia para conseguir ventajas como
resultado de su enfermedad. En el caso de los maridos o las esposas,
pueden no aceptar la diabetes de su pareja, o por el contrario,
asumir el rol de guardianes controlando y prohibiendo constantemente.
- cambios sociales: las restricciones causadas principalmente por
los horarios o la alimentación, la incomodidad de pincharse
la insulina fuera de casa o el miedo a tener una hipoglucemia en
público, son problemas que con frecuencia las personas diabéticas
deben afrontar en su vida social. En general, la población
tiene poco o ningún conocimiento de este tipo de reacciones
y como consecuencia se pueden provocar situaciones delicadas que
pueden afectar las relaciones sociales y de convivencia de los diabéticos.
- cambios económicos: a pesar de la fortuna que supone vivir
en un país donde la atención sanitaria es gratuita
y universal, hay gastos que las personas con diabetes tienen que
asumir, aunque sea parcialmente , como son los derivados del uso
de de fármacos, las tiras reactivas, el aparato para la glucemia
capilar, las lancetas, los zapatos, las plantillas, etc. También
las cuotas de los seguros de orden privado pueden aumentarse, o
es posible que estas entidades simplemente no acepten al cliente
si especifica su condición de diabético
3. Consecuencias psicológicas
del fracaso adaptativo ante la diabetes
Todas las modificaciones que impone la diabetes en la vida de un
individuo se producen de un modo muy rápido y requieren un
gran esfuerzo de adaptación, es decir es preciso que la persona
afectada y los que le rodean pongan en marcha los mecanismos psicológicos
necesarios para acomodarse al nuevo contexto vital.
Aunque en términos generales la gran mayoría de
las personas diabéticas se adapta a su nueva vida, en un
número determinado de casos los mecanismos de adaptación
fallan y el sujeto desarrolla algún tipo de problema psicológico
durante el proceso: estos problemas pueden empeorar la evolución
de la enfermedad, y la mala evolución de la enfermedad produce
más problemas psicológicos, estableciéndose
así un círculo vicioso (4).
Los problemas de índole psicológica que podemos
observar con más frecuencia cuando fallan los mecanismos
de adaptación en el caso de la diabetes son los estados de
ansiedad (5), los estados depresivos (6,7) y los trastornos de la
conducta alimentaria (8-11)
3.1 Los estados de ansiedad
La ansiedad provoca con frecuencia que la enfermedad se convierta
en una auténtica obsesión para el paciente, pasando
a ser el centro de su vida y sacrificando por ella muchas otras
cosas. El paciente se siente inseguro, tiene muchas dudas sobre
cómo manejar la enfermedad, le cuesta tolerar la incertidumbre
de algunas situaciones, necesita comprobar reiteradamente su estado
y sus actos. Resumiendo, la persona se ve desbordada por la enfermedad,
y cuanto más intenta controlarla, menos lo consigue.
¿Qué puede hacer el profesional de la
diabetes en estos casos?
La aparición de síntomas de ansiedad provoca en el
paciente una serie de comportamientos que el profesional debe ser
capaz de identificar como indicadores de que el sujeto tiene graves
dificultades para adaptarse a la enfermedad:
- El paciente se hace controles capilares constantes.
La finalidad es saber en todo momento cual es su estado. No obstante,
las comprobaciones reiteradas en vez de tranquilizar al paciente,
aumentan significativamente sus dudas y su inseguridad.
- El paciente controla meticulosamente la comida. Su objetivo
es tener un control absoluto sobre lo que ingiere por miedo a que
cualquier equivocación pueda provocar alguna hipoglucemia
o un aumento considerable de la glucemia. A causa de esta necesidad
de control el paciente limita considerablemente su vida social ya
que se ve incapaz de comer en cualquier otro sitio que no sea su
casa o la de otras personas de absoluta confianza, debido a que
de otra forma no podría controlar las cantidades exactas
ni el tipo de productos utilizados en la elaboración de la
comida.
- El paciente llama y consulta al médico con mucha más
frecuencia de la necesaria. Este comportamiento se produce
a causa de la falta de seguridad del paciente ante todo lo que se
va produciendo, y de las dudas que le suscita tanto el régimen
terapéutico como los resultados que observa día a
día en los indicadores de evolución de la enfermedad.
- El paciente es incapaz de afrontar situaciones nuevas.
La inseguridad del sujeto y su necesidad de control le obligan a
mantenerse en unas condiciones de extrema rigidez en su vida (los
horarios de comida deben ser siempre los mismos, el tipo de actividad
debe ser la misma y durante el mismo tiempo, las dosis de insulina
deben ser las mismas siempre, etc). El paciente es incapaz de tomar
decisiones sobre la marcha y de realizar los cambios necesarios
en las prescripciones terapéuticas en función de la
situación.
Cuando el profesional detecta a un paciente con este tipo de problemas
puede ayudarle:
- Pactando con él el número
de controles capilares diarios. Si el paciente se hace los controles
10 veces al día cuando necesitaría sólo 3,
no es realista plantearle un cambio tan drástico de manera
inmediata. Lo más adecuado sería ir reduciendo paulatinamente
el número de controles (9 unos días hasta que el
paciente lo tolere bien, después 8 hasta que lo tolere
bien, y así sucesivamente) para poder ofrecerle un margen
de seguridad.
- Pactando con él un alejamiento de
todo lo relacionado con la preparación de las comidas (si
la puede preparar otra persona), o practicando con él que
se acostumbre a reconocer visualmente la cantidad de alimento
que supone lo que debe comer. Esto debe realizarse de manera progresiva,
empezando por ejemplo por el desayuno, que no es una comida muy
abundante, o por uno de los platos de la comida o la cena.
- Pactando con él un número
de llamadas o visitas semanales, que se irá reduciendo
progresivamente en la medida que el paciente adquiera confianza.
No es adecuado imponer desde el principio al paciente el régimen
de consultas habitual, ya que con esta actitud sólo conseguiríamos
aumentar su ansiedad y el consiguiente efecto de “rebote”.
- Ensayando con él en la consulta posibles
respuestas a situaciones imprevistas. Para el paciente con estos
problemas es muy importante disponer de antemano de estrategias
que le permitan afrontar situaciones nuevas e inesperadas. Esta
dotación de recursos le permite sentirse más seguro,
y si se siente más seguro, se verá cada vez más
capaz de improvisar sobre la marcha.
Nótese la importancia de negociar siempre con el
paciente los cambios que le acerquen a la normalidad. No hay que
olvidar que sus comportamientos anómalos responden a estados
elevados de ansiedad. Las actitudes rígidas e inflexibles
por parte del profesional no hacen sino aumentar de manera importante
la ansiedad de los pacientes.
3.2 Los estados depresivos
En algunos individuos los síntomas depresivos son la manifestación
más importante de que el proceso de adaptación no
se ha realizado correctamente. La depresión provoca que el
paciente se sienta con menos fuerzas para afrontar su vida cotidiana,
con todo lo que esto comporta respecto al seguimiento de prescripciones
médicas, dieta y otras formas de autocuidado.
¿Qué puede hacer el profesional de la
diabetes en estos casos?
El profesional de la diabetes debe ser capaz de reconocer los
estados depresivos a través de la identificación de
los siguientes aspectos:
- Sentimientos de indefensión: el paciente se siente
indefenso ante la enfermedad. Cree que su actuación, sea
la que sea, tendrá muy poco efecto sobre la evolución
de la misma. Con la premisa de “haga lo que haga, será
inútil”, es habitual que el sujeto caiga en el abandono
de sus obligaciones terapéuticas.
- Miedo a la enfermedad: el diagnóstico de la enfermedad
suscita en el paciente numerosas cuestiones acerca de su vida futura:
“¿tendré muchas complicaciones?”, “¿cuántos
años viviré?” , “¿afectará
la enfermedad mis objetivos a largo plazo?”, “¿influirá
la enfermedad sobre mi vida familiar y de pareja?”, “¿podré
tener hijos?”, etc.
- Tristeza: el paciente se siente triste, se pregunta por
qué le ha tocado a él. La enfermedad y todo lo que
la envuelve se convierten en pensamientos recurrentes que difícilmente
le abandonan y que le impiden concentrarse en otros contenidos y
en otras actividades. La persona poco a poco va perdiendo el interés
por aquellas cosas de las que antes disfrutaba.
Ante estas situaciones, el profesional debe, ante todo,:
- Evaluar las creencias y actitudes de la
persona hacia la enfermedad: es fundamental conocer qué
piensa el paciente de su propia enfermedad, si cree que le está
cambiando o le cambiará mucho la vida, si hay algún
aspecto de la diabetes que le preocupe especialmente o le cause
un miedo particular. A menudo las creencias del paciente sobre
su propia enfermedad se fundamentan en informaciones sesgadas
o malinterpretadas, o en premisas derivadas del conocimiento parcial
de otros casos de diabetes. Ayudarle a discriminar entre las informaciones
y preocupaciones razonables y las que están basadas en
distorsiones de la realidad, es de gran interés para reducir
sus temores y potenciar una actitud más positiva hacia
la enfermedad y su día a día.
3.3. Los trastornos de la conducta alimentaria
Estas alteraciones aparecen con cierta frecuencia cuando se inicia
el tratamiento de la diabetes, y este hecho resulta inquietante
dadas las complicaciones específicas que pueden generar debido
a las conductas que ocasionan. No olvidemos que la diabetes reúne
unas características que pueden funcionar como factores que
predispongan, desencadenen o mantengan alteraciones de la conducta
alimentaria en personas vulnerables:
- Necesidad de controlar la dieta tota la
vida
- Necesidad de controlar el peso
- Incremento de peso rápido al iniciar
el tratamiento
- Presión de la familia en torno a
la comida
En la población diabética, al igual que ocurre en
la población general, los trastornos de la conducta alimentaria
son mucho más prevalentes entre las mujeres jóvenes
que entre los hombres. No obstante, y también en paralelo
con la evolución que están teniendo estos trastornos
en la población general, cada vez se detectan más
casos entre los hombres jóvenes.
¿Qué puede hacer el profesional de la
diabetes en estos casos?
El profesional debe sospechar de la existencia de un posible trastorno
de la conducta alimentaria ante la aparición de cualquiera
de los siguientes comportamientos en la paciente:
- La paciente restringe la cantidad de comida: este comportamiento
refleja el deseo de la paciente de adelgazar. La paciente no está
contenta con su imagen corporal: se ve “gorda” o “rellenita”
y desea a toda costa perder peso. Otras veces, la paciente se puede
ver “bien” pero la aterra la idea de ganar algo de peso.
- La paciente realiza conductas purgativas/compensatorias:
la paciente puede utilizar el vómito, los laxantes o los
diuréticos como medio para perder peso. En otras ocasiones
puede enfrascarse en una actividad física intensa para compensar
los efectos de una “comida excesiva”.
- La paciente manipula la insulina: la manipulación
de la insulina puede darse en dos sentidos distintos. Por un lado,
la paciente puede omitir dosis con el objetivo de mantener glicemias
por encima de lo deseable y así perder peso. Por otro, puede
aplicarse dosis de insulina extra tras un episodio en el que considera
“que ha comido demasiado”.
Como profesionales no podemos controlar el factor más importante
que es la vulnerabilidad personal, pero si podemos detectar a pacientes
de riesgo atendiendo a los siguientes elementos:
- Evaluación de las características
de personalidad de la paciente: cuanto más estricta, perfeccionista
y ansiosa sea la persona, mayor es el riesgo de desarrollar un
trastorno de la conducta alimentaria si confluyen otros factores.
Las características de personalidad de la paciente a veces
se evalúan mejor preguntando a los familiares “¿es
una persona muy exigente con todo?”, “¿le gusta
tener su vida muy controlada?”, “¿es muy perfeccionista?”,
“¿se preocupa mucho por los detalles?”
- Averiguar el papel que desempeña
la comida en la vida de la paciente. Para obtener esta información
se le puede preguntar directamente si le gusta comer, si disfruta
comiendo, si alguna vez ha hecho dieta y si le ha costado seguirla.
Cuanto más relevante y satisfactorio sea el papel de la
comida en la vida de la paciente, más difícil le
resultará seguir unas pautas dietéticas estrictas.
- Evaluar la imagen corporal, cómo
se ve la paciente físicamente, si se gusta o no, si le
preocupa mucho ganar peso. Pedirle el peso que le gustaría
tener da una idea bastante aproximada del grado de distorsión
de la imagen corporal que pueda presentar. Cuanto mayor es esta
distorsión, mayor es el riesgo de que inicie comportamientos
anómalos para reducir peso.
4. Conclusión
Con lo dicho hasta el momento, podemos decir que el proceso de
adaptación a una enfermedad crónica es un proceso
complejo que depende de diferentes factores. Las estrategias de
afrontamiento de que dispone una persona han demostrado ser uno
de los factores más relevantes dentro de este proceso y,
cuando estas estrategias fallan, se produce un fracaso adaptativo
que acostumbra a desembocar en la aparición de alguna alteración
psicopatológica.
La diabetes es una enfermedad que puede dificultar especialmente
el proceso de adaptación a causa de la complejidad de su
régimen terapéutico y la multiplicidad de factores
que influyen en su evolución. A pesar de estas dificultades
inherentes a la propia enfermedad, la realidad que observamos día
a día es que la inmensa mayoría de los pacientes se
adapta correctamente a su nueva situación.
En ciertas personas se produce un fracaso adaptativo que desemboca
en la aparición de alteraciones psicopatológicas.
El profesional de la diabetes puede realizar un seguimiento del
proceso de adaptación del paciente y detectar los indicadores
de que se está produciendo una mala adaptación a la
enfermedad. Ante los problemas de esta índole, el profesional
dispone de una serie de estrategias que le permitirán reconducir
la situación y favorecer la aceptación de la nueva
realidad por parte del paciente.
La detección precoz de los problemas de adaptación
a la diabetes permitirá una pronta actuación por parte
de todos los profesionales implicados, y de esta manera se podrá
garantizar una mejor evolución de la enfermedad y una mayor
calidad del paciente.
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